El HariHara Dham nace con su primer yajña celebrado en el bosque
mediterráneo, en la cima de la colina llamada en la carta geográfica “Poggio
Bellosguardo” en la Valle Benedetta (que significa Valle Bendita) en una fecha
simbólica.

Considerando que el 8 es el número que representa la Madre Divina en India, el día que el dham acogió la primera oferta ritual al fuego, como
símbolo viviente del Amor puro de la Madre, fue realmente especial: era el 8-8-88.

Ma Shivā Mayi y su primera cheli ShabariMa en el mes de marzo de 1988 habían iniciado a trabajar, machete en mano, para obtener un rincón espiritual en el espeso bosque mediterráneo de su querida  Toscana, en una colina con vista al mar.

En pocos meses nace un dhuni, un pequeño templo dedicado al fuego sagrado donde celebrar, posteriormente junto con sus alumnos y yoguis, las ofrendas rituales, meditar y cantar mantras acompañados de instrumentos de India. Dejamos que sea Vasundhara, otra veterana cheli de Ma Shivā, que nos cuente:

“Conocí el HariHara Dham en el 1989. En esa época, el Dham era un lugar esencial, espartano, también duro para vivir y aún así se percibía una atmósfera energéticamente limpia, liviana, un lugar simple y de paz: estaba atraída de algo que no veía pero que buscaba intensamente con todo mi ser. La sensación de entrar en una burbuja energética ha quedado siempre que visito este lugar especial.  Regresé una y otra vez, el alma podía finalmente
encontrar y vivir la dimensión que desde hacía mucho tiempo buscaba.

 

Las prácticas continuas y constantes hacían del Dham un centro de luz sutil que llamaba almas en búsqueda espiritual, y que encontraban aquí la posibilidad de evolucionar mediante la comprensión y experimentación real del karma yoga y del bhakti yoga para llegar a la conciencia de que todo, nosotros incluidos, somos Consciencia Divina.  Lo que siempre he percibido y puedo testimoniar de las enseñanzas de Mataji, es que hacen  la palabra de Babaji viviente, operante y éste es uno de los regalos más bellos que las decenas y decenas de personas que arribaban a esta isla del Espíritu podían recibir.

El trabajo espiritual bajo la guía de Mataji, de año en año hacía saltar resistencia egóicas, condicionamientos, esquemas, hábitos, reacciones, complicaciones interiores, automatismos, hasta llegar a emerger una realidad que no había todavía experimentado, que ninguno me había hecho conocer:: 

 

la dimensión del corazón, no en el sentido emocional o sentimental, sino esa percepción real, limpia y constantemente presente, profunda y sin embargo simple, en la cual intuimos con certeza absoluta que somos partes encarnadas de una inmensa inconmesurable beatitud y que todo lo que vivimos es verdadera y perfectamente completo ya que es una perfecta encarnación de la Madre Divina:

 

toda la sadhana sirve, en el fondo, a recordárnoslo constantemente.

 

 

 

 

Reaprender a estar en el corazón no fue fácil para mi; entender qué significa realmente, acostumbrada como todos a detenerme sólo en la mente,
fue como una especie de reeducación existencial, una apertura a la existencia verdadera, al verdadero sentido de la vida, también en sentido personal. Lo que implicaba aprender a tener confianza y a confiar en la Madre, en los acontecimientos, en el Todo, aceptando de el no resistir después de haber comprendido que es el ego el que resiste, ya que sólo en este modo puede afirmar su propio rol y por lo tanto su propia existencia. Desde el punto de vista del ego, si lo eliminamos ¿qué queda de un ser? Nada!!! mientras en la visión espiritual ¿qué queda?… Todo!!!

Sin expectativas ni reservas, libres de la necesidad de recurrir al sufrimiento, último y extremo recurso del ego… un nacimiento nuevo, un nuevo tipo de goce, un nuevo tipo de seguridad basado ya no el cálculo o en el apego al resultado sino más bien en la inspiración del corazón, que culminó para muchos de nosotros que frecuentábamos el Dham, con el primer mundan y con la iniciación para servir el Dhuni como pujaris, quienes teníamos el deber de mantenerlo siempre encendido.

 

 

No conocí a Babaji directamente, pero he tenido la gracia de percibir con el corazón su esencia mediante el contacto con Mataji, su discípula directa, que ha siempre experimentado e invitado a experimentar y no a creer por pura fe.   El Dham conforme iba tomando forma, a través de los años, asumía más la función de centro de purificación de nuestras vidas, con el solo fin de ayudar a manifestar nuestra propia naturaleza: el sagrado Dhuni, corazón pulsante de la Madre, listo a recibir y a quemar sin cesar, nuestros duros cocos, el karma yoga y la práctica cotidiana, instrumentos fundamentales para evolucionar y cambiar interiormente, los satsang, los kirtans, la pujas de la mañana y de la tarde que dan el ritmo de los momentos fundamentales de conciencia y de unión, la limpieza y el orden exteriores que trabajan en la limpieza y orden interiores.

Percibido como laboratorio y centro de gravedad de la propia vida, todo comenzó a rotar alrededor de esta experiencia: el trabajo, la familia, los amigos, el tiempo y el espacio.  Una revolución, una inversión de la propia visión hasta ese momento mental de la vida, un torbellino, un ciclón en el cual todo era trasladado y atraído en modo centrípeto hacia su centro espiral, el ojo del ciclón, único punto en absoluta calma.  Percibía un inmenso e incontenible goce y felicidad que brotaba de todo lo que compartíamos… a veces parecía una locura, una bellísima e increíble locura que daba la medida de cuanto era verdaderamente irreal e ilusorio el mundo material y racional cuando era vivido como única realidad separada del Espíritu.

 

La vida comunitaria que gira alrededor de una guía espiritual, de un verdadero Maestro, te entrena al sentimiento de no separación, a la atención recíproca, a escuchar, a no juzgar, a percibir Su amor sin ponerte condiciones.

Acciones con fin en sí mismas, ofrenda a Dios, sin expectativas, una oración sin petición alguna: todos los pilares y cánones basilares de nuestra sociedad desaparecían de frente a la belleza de este estado de consciencia, ahora practicable. La mente finalmente liberada y limpia de la obsesión del resultado esperado, del fruto para disfrutar, del objetivo alcanzado, del premio meritado y de la competición para alcanzarlo… del apego.

El nivel vibratorio en los años ha elevado siempre más su propia frecuencia, sus propias vrittis y en paralelo la calidad de los frecuentadores del Dham ha cambiado: de almas en movimiento y búsqueda constante, ha llamado almas que ahí han encontrado lo que buscaban y desean detenerse a experimentar y a evolucionar.  Un salto cuántico  percibido por todos.

HariHara Dham es un lugar físico, real, pero aún más, una metáfora de lo que está sucediendo en nuestra alma, un espejo de ese proceso de liberación que nos está conduciendo al re-descubrimiento de nuestra verdadera naturaleza de esencias espirituales ilimitadas.
Conforme crecemos nosotros así crece el Dham”.

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